Los océanos son fundamentales para la vida de muchas especies y el medio de subsistencia para numerosas poblaciones humanas. Cubriendo más del 70% del planeta, los océanos producen al menos el 50% del oxígeno y contienen una parte importantísima de la biodiversidad del planeta. 

Con tal de protegerlo, la ONU designó el 8 de junio como el Día Mundial de los Océanos. Durante este día, se organizan varias actividades con tal de concienciar sobre la necesidad de preservarlos. Además, su importancia es tan grande que los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la propia ONU tienen un objetivo concreto para este hábitat: el ODS 14 “Vida submarina”. 

Precisamente los mares y los océanos son unos de los ecosistemas más desconocidos e incomprendidos por la gran mayoría de las personas. El hecho de no ver a simple vista su estructura ni las especies que viven ahí hace que mucha gente no sepa qué hay bajo el agua y no pueda tener empatía con todos los impactos que estamos causando. 

El peligro de la contaminación en el medio acuático 

La contaminación por plásticos es uno de los problemas más conocidos, ya que se trata de un fenómeno que sí que se puede ver habitualmente en las playas y cerca de la costa. Además, ha tenido una gran visibilidad a través de campañas, fotografías y vídeos de animales atrapados o con residuos en su interior. 

En nuestro blog tenemos una entrevista muy interesante donde se destaca el papel de las campañas de sensibilización como una herramienta muy útil para reducir la contaminación en las playas y zonas de costa. En un estudio hecho en varias playas mediterráneas, se ha visto que sensibilizar a turistas y ciudadanía ayuda a reducir la presencia de plásticos en un 50%, aproximadamente. 

Pero la contaminación que generamos en nuestro día a día (bastoncillos, colillas o anillas de refrescos) no es la única que afecta a los océanos, si no que también hay la causada por los vertidos de barcos o de plataformas de hidrocarburos. En la península Ibérica tenemos el gran desastre del Prestige, en las costas gallegas, mientras que a nivel global hay los caso del Exxon Valdez en Alaska o de Deepwater Horizon en el golfo de México. 

Y no se trata de un problema de hace años. El verano pasado, un petrolero causó un gran desastre en la isla de Mauricio, en el océano Índico. Y hace pocos días, un barco de hundió delante de la costa de Sri Lanka, liberando material plástico y residuos tóxicos en el mar. 

Todos estos contaminantes tienen consecuencias gravísimas para las especies y las economías de las zonas afectadas. Muchos animales y algas se ven afectados por estas sustancias, enfermando y muriendo. Esto, a su vez, impide que todas las personas que viven del mar puedan desarrollar sus actividades económicas de forma adecuada y ven como sus ingresos desaparecen. 

La explotación de recursos marinos 

Las actividades económicas alrededor de los mares y océanos también son una fuente de impactos negativos cuando no se realizan de forma sostenible. La sobreexplotación de los stocks de peces y otras especies es un fenómeno que se repite en la gran mayoría de lugares del planeta, igual que el uso de artes de pesca muy nocivas para los ambientes submarinos, como el arrastre. 

El atún, el salmón, la merluza, la sardina o el bacalao son algunas de estas especies que han sufrido enormes declives poblacionales debido a una pesca intensiva que no tenía en cuenta su ecología. Afortunadamente, el establecimiento de cuotas y temporadas de veda han ayudado a recuperar algunas poblaciones hasta unos niveles en el que la supervivencia de estas especies parece que vuelve a ser viable. 

La pesca sostenible, realizada principalmente por pescadores locales en embarcaciones pequeñas y con técnicas más respetuosas, es una solución para asegurar un consumo adecuado de alimentos marinos compatible con la vida de las especies presentes en mares y océanos. 

A todos estos problemas también hay que añadir el cambio climático y los efectos negativos que genera: acidificación del agua por el aumento de carbono en la atmósfera, calentamiento de mares y océanos y cambio de corrientes, entre otros. Todos ellos pueden implicar cambio catastróficos en ciertas áreas marinas, desde la extinción de especies hasta del desplazamiento de poblaciones buscando condiciones mejores. Y esto, obviamente, afectaría a todas las personas que viven de la pesca. 

El impacto que queremos causar 

En los últimos años se ha descubierto que las ballenas, los mamíferos más grandes del planeta, juegan un papel importante en el ciclo del carbono: cuando mueren, sus grandes masas se hunden con todo el carbono que contienen, moviéndolo de la superficie de los océanos hasta el fondo, donde se puede mantener durante siglos o más tiempo. Encima, sus excrementos sirven de alimento para el fitoplancton, pequeños organismos capaces de absorber un 40% de todo el CO2 que se produce en la Tierra. 

Esto significa que la caza de ballenas y la disminución de sus poblaciones ha permitido la liberación de grandes toneladas de carbono en la atmósfera al impedir el hundimiento de los cuerpos y la proliferación del fitoplancton. Por tanto, su conservación es una forma más para evitar el aumento de gases de efecto invernadero en el aire. 

Descubrir estas relaciones es parte fundamental de la ciencia y permite disponer de nuevas maneras de mitigar el impacto del cambio climático. Todas las investigaciones científicas realizadas nos han servido para ver el alcance negativo de las actividades que hemos realizado hasta el momento. Gracias a este conocimiento podemos luchas y cambiar el sentido de nuestras actuaciones, para conseguir tener efectos positivos en nuestro entorno. 

La ciencia nos aporta el poder de decidir cómo queremos que sea nuestro futuro y cómo tenemos que trabajar para establecer una relación adecuada con el entorno. Saber cómo afectarán nuestras acciones nos tiene que ayudar a proteger y tener cura de los océanos y de los mares, a reducir los residuos que generamos, a minimizar el uso de los combustibles fósiles y a hacer un uso sostenible de los recursos. Solo así podremos conseguir un presente y un futuro sostenibles.