No hay duda de que nuestro mundo ha pasado por unos cambios radicales este último año, incluyendo las repercusiones que ha tenido el coronavirus sobre las emisiones de dióxido de carbono. Desde marzo de 2020, muchos trabajadores y trabajadoras en todo el mundo se han tenido que pasar al teletrabajo, ya que debido a la pandemia global de la Covid-19 muchas empresas tuvieron que cerrar obligatoriamente (o, algunas, voluntariamente). Como consecuencia de ello, algunas organizaciones han disminuido estratégicamente su huella ecológica real animando a sus plantillas a trabajar desde casa.

Según el Informe Energético Global de 2020 de la Agencia Internacional de la Energía (IEA), estos cambios han provocado una disminución del consumo energético y un incremento en el uso de energía doméstica. La IEA recogió de datos de más de 30 países y concluyó que existe una correlación entre algunas de las medidas aplicadas por el confinamiento y la reducción de la demanda eléctrica comercial e industrial.

DESCÁRGATE EL INFORME (en inglés)

Calculando el uso energético y las emisiones del teletrabajo

Mientras las empresas continúan definiendo cuáles han sido los impactos ambientales y financieros de este cambio al teletrabajo, calcular la huella de dióxido de carbono, el uso energético y las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) que se producen trabajando desde casa es una actividad casi sin precedentes. Sin embargo, tenemos alguna referencia dentro del protocolo de GEI: GHG Protocol ‘s Corporate Value Chain Standard donde Employee commuting. Hasta día de hoy la mayoría de compañías, no han incluido estas emisiones de ‘desplazamiento’ a sus inventarios de GEI.

Mientras otras organizaciones han publicado estudios de casos y comparaciones del impacto ambiental del teletrabajo utilizando diversas metodologías y suposiciones, Anthesis ha desarrollado una guía de recolección de datos y métodos de cálculo que pueden ser integrados ampliamente dentro de los procesos de gestión de inventario corporativos.