Los ODS en acción: localizando retos globales

  

Artículo de Tatiana García Echeverry, Consultora Técnica de Sostenibilidad Corporativa

 

Cuando se habla de localizar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), se hace referencia al proceso realizado para poner en práctica acciones que contribuyan al cumplimiento de las metas establecidas en la Agenda 2030.

Localizar los ODS supone incorporar y priorizar acciones a nivel local y establecer metas propias que permitan facilitar el seguimiento y la revisión del cumplimiento de los objetivos desde la empresa o el ente territorial local. Este proceso requiere el reconocimiento de todas aquellas políticas, proyectos, programas y acciones que se realizan en el interior de una organización y que pueden contribuir de manera directa o indirecta al logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

La Agenda 2030 no solo invita y convoca a trabajar por un propósito común, sino que reconoce la importancia de las contribuciones que realizan todos los sectores sin importar el tamaño de la organización, sus recursos o su ubicación.

¿Para qué localizar los ODS?

Los ODS pueden lograrse sólo si los actores locales participan de manera activa y consciente. Su universalidad es uno de sus aspectos positivos, pues reconocen que no son solo los gobiernos quienes pueden lograr el cambio, sino que es todo el mundo quien puede hacer que las cosas pasen.

Los ODS reconocen la importancia y el rol de diferentes actores en la consecución de esos objetivos. De esa manera, son una invitación global cuya responsabilidad recae también en las empresas y en el sector social.

Es por esto por lo que hablar de localizar la Agenda cobra sentido si se quiere que el “llamamiento universal a la adopción de medidas para poner fin a la pobreza, proteger el planeta y garantizar que todas las personas gocen de paz y prosperidad” sea una realidad.  Ahora bien, localizar los ODS es un objetivo en el que muchos países, ciudades y regiones hace tiempo que trabajan.

Hay que resaltar que no solo desde el sector público se han estado realizando esfuerzos en ese sentido, sino que son muchas las empresas y ONG de distintas partes del mundo las que han incorporado de manera voluntaria los ODS en sus procesos de planificación. En los últimos años cada vez es más común encontrar en las memorias de sostenibilidad y ejercicios de rendición de cuentas el reporte de los avances en la materia.

Estas organizaciones reconocen los beneficios de incorporar la Agenda 2030 en su gestión empresarial. Algunos de ellos son la posibilidad de acceder a nuevas oportunidades de negocio, la obtención de una mayor claridad y enfoque de gestión para la estrategia de sostenibilidad, la posibilidad de facilitar el acceso a capital y la mejora de la reputación y la relación con los grupos de interés.

7 pasos para establecer la Agenda 2030 a nivel local

Hablar de los ODS en un sentido simplista es hablar de un mundo mejor, así que encaminar las acciones que se desarrollan en el día a día no debería suponer un esfuerzo extraordinario. En este sentido, a continuación, se presentan las principales acciones a realizar, con la esperanza de que sean útiles para quienes inician su camino para establecer sus contribuciones a la Agenda 2030:

1. Voluntad: el punto inicial para materializar y poner en acción los ODS en cualquier ámbito o sector es la voluntad y la necesidad que vaya más allá de una declaración de intenciones.

Trabajar por la Agenda 2030 debe ser más que una simple expresión o manifestación de interés: no es poner un logo en la página web que señale el ODS en el que trabajo. Localizar la Agenda requiere disponer de los recursos técnicos, tecnológicos, humanos o financieros requeridos para alcanzar las metas en el interior de las organizaciones.

Tener voluntad no significa necesariamente disponer de nuevos o de más recursos. Con voluntad es posible poner las capacidades que ya tenemos en función de nuevos objetivos. En la mayoría de los casos es “solo” alinear las acciones que ya se han hecho o las que se quieren empezar a realizar y hacerlas coincidir con los objetivos a alcanzar con los ODS.

 

2. Liderazgo: se debe establecer de manera clara quien asumirá el liderazgo del proceso en la organización. Desde el inicio se deberá establecer y dar a conocer el área, departamento o personas responsables de realizar y liderar el proceso. Esas personas deberán ser las encargadas de realizar la comunicación y sensibilización en la propia organización, así como de velar por la puesta en marcha de los pequeños detalles que garanticen la definición de un marco de trabajo realista para la consecución de la Agenda.

 

3. Aliados: Una vez establecida la voluntad y la determinación de querer hacer que las cosas pasen, el siguiente paso es escuchar. Esto requiere activar procesos de escucha para conocer la opinión de otros, sean actores externos o internos, y de todos aquellos que se convertirán en aliados y actores claves para la consecución de los objetivos planteados.

En este tipo de ejercicio es importante consultar el interés de los otros por participar y sumarse al proceso. Para esto hay que identificar los distintos grupos de interés y hacer un listado de las instituciones, áreas del negocio o las personas que deben participar. Es importante escuchar a todos aquellos que pueden jugar un papel importante en el cumplimiento de la Agenda. Incluso se debe escuchar a aquellos que puedan tener resistencias para participar en el proceso. Hay que conocer sus argumentos, respetarlos y entenderlos para buscar soluciones. El proceso de escucha y participación debe abordar a las personas e instituciones de manera sincera y con la mente abierta.

Reconocer el efecto potencial que se logra al unir distintas fuerzas permitirá asegurar un proceso en el que todos ponen de su parte. No hay que olvidar que, al final, todos serán responsables de lo que se logre y no dependerá de manera exclusiva del área o la entidad que lidera el proceso. Así que el cumplimiento de los ODS dependerá en gran medida de la capacidad de dejar a un lado el individualismo y el ego. No es un único héroe el que salvará el mundo, sino que es la contribución de todos lo que logrará generar cambios positivos a través de las acciones e iniciativas comunes.

 

4. Inventario de Información: en la mayoría de los casos no sé está partiendo desde cero. Por este motivo es necesario realizar una revisión técnica, exhaustiva y realista de lo que ya se tiene en términos de información, proyectos y recursos. Para llevarla a cabo hay que identificar las acciones que se han realizado y lo que se ha logrado a la fecha, así como se debe identificar qué tipo de indicadores o métricas se han usado para realizar el seguimiento y la evaluación de dichos proyectos.

El objetivo es contar con un inventario inicial de información que incluya el listado de proyectos, duración, presupuesto, responsables y resultados que facilite la construcción de una base que será usada como referencia y punto de partida para las intervenciones que se realizarán en el futuro.

 

5. Alinear objetivos, metas y acciones: si bien los ODS establecen 17 objetivos y 169 metas a cumplir para 2030, la localización requiere una revisión de la pertinencia y realidad local para alcanzar dichas metas. Esto dependerá de la estrategia de la organización, de sus intereses y de los intereses de sus grupos de interés. Incluso dependerá de la relevancia de los temas en el entorno local.

Esta parte del proceso es clave porque es aquí donde se identifica lo que se puede lograr de manera realista teniendo en consideración los recursos de la organización y sus aliados. Este ejercicio permite aterrizar las acciones y establecer si el cumplimiento de la agenda a nivel local será fácil o no. Esto además requiere de una revisión detallada de los proyectos que se han realizado y de los que se están implementando, así como de todo lo que está proyectado en diferentes escenarios e instrumentos de planificación. Este ejercicio facilitará el reporte de los aportes y avances de la organización en los distintos objetivos y permitirá identificar las áreas prioritarias a trabajar para la consecución de estos.

Incluso se recomienda alinear lo que ya se tiene con lo que està establecido en los planes de desarrollo locales o con el modelo del territorio. Así, se sugiere realizar una revisión de los planes estratégicos locales, planes urbanos y diferentes instrumentos de planificación territorial y sectorial.

En este punto será posible identificar qué aspectos propuestos en la agenda ODS son necesarios, relevantes y alcanzables para el lugar en el que se encuentra la organización, y permitirá establecer objetivos, metas y acciones propias que no solo apuesten al cumplimiento de la Agenda, sino que sean pertinentes al entorno local.

 

6. Definición de indicadores y metas a 2030: las Naciones Unidas establecieron una batería de indicadores para facilitar el seguimiento del cumplimiento de la Agenda 2030. Se trata de casi 240 indicadores globales que permitirán realizar el seguimiento del cumplimiento de cada una de las 169 metas. No obstante, la disponibilidad de información en los territorios y a nivel local no es homogénea.

Para definir un batería de indicadores propia se deben revisar, uno a uno, los indicadores que propone la ONU, así como revisar la validez, pertinencia, el costo y la disponibilidad de la información requerida para realizar el seguimiento desde la organización. En muchas ocasiones será necesario revisar fuentes de información externas o definir y diseñar indicadores propios que permitan ser calculados según las capacidades internas de la organización.

Una vez establecidos los indicadores con los cuales se reportará el seguimiento y avances en el cumplimiento de la Agenda, se deberá establecer tanto el punto de referencia como la meta de la organización a 2030.

  • Punto de referencia: se debe realizar la identificación del punto de partida o de referencia del indicador, que permitirá conocer la situación inicial de esa meta en particular. A continuación, se tendrá que realizar el seguimiento para revisar los avances en el tema.
  • Meta 2030: Una vez conocido el punto de referencia, se debe establecer un objetivo a 2030 con sus logros a conseguir anualmente. Esto no solo requiere de un ejercicio técnico de proyecciones estadísticas, sino que debe estar acompañado del conocimiento de lo que es viable para la organización o el territorio. Así, permitiría disponer de un semáforo de la situación actual y del escenario real del cumplimiento a futuro de la Agenda. Desde ese momento, se podrán identificar aquellas victorias tempranas, así como las metas críticas que deberán dar lugar a planes de intervención para poder abordar dichas problemáticas.

La organización deberá ser realista e identificar si podrá lograr lo propuesto con los recursos disponibles. Establecer la meta a 2030 no es otra cosa que plantear y establecer una visión del territorio o de la organización de una manera optimista y realista.

 

7. Reporte y comunicación: Los avances en la Agenda son una oportunidad adicional para comunicar el compromiso de la organización con el desarrollo sostenible. Considerando el nivel de interés y los esfuerzos que supone para cualquier organización alinear y definir su contribución a los ODS, es importante que desde el inicio y durante el proceso se comunique a los grupos de interés los avances en el tema. Es responsabilidad de la organización diseñar acciones de comunicación innovadoras, garantizar el reporte de los avances y mantener el contacto con los grupos de interés involucrados en el cumplimiento de la Agenda.

No existe una metodología única y uniforme para trabajar con la Agenda 2030 pues existen varias herramientas para facilitar la localización de los objetivos. Anthesis Lavola puede diseñar una ruta con fases diferentes y complementarias para activar los ODS en la gestión empresarial y facilitar la localización de la Agenda.

Si queréis más información, podéis contactar con Sandra García, Consultora Técnica de Sostenibilidad Corporativa.

COMPÁRTELO