La importancia de los microbios

Los microbios, o microorganismos, son los seres más abundantes de la Tierra. Están formados por bacterias, arqueas, protozoos, algas y hongos, entre otros; todos ellos de tamaño tan pequeño que se necesitan microscopios para visualizarlos. En algunos también se incluyen virus, aún no ser considerados seres vivos propiamente dichos.

Aparte de su tamaño, los microbios tienen otro punto en común: siempre han tenido mala fama como causantes de enfermedades y epidemias, como la gripe, la peste, el sarampión, el SIDA, el ébola… Y la actual pandemia causada por un coronavirus no ayuda a cambiar esta percepción.

Realmente, pero, los microbios son organismos indispensables para el planeta, tal y como expone Jaume Terrades en un artículo reciente en el blog del CREAF.

Y no solo para el planeta, sino también para nosotros, como comentamos en el anterior Somos naturaleza cuando dijimos que dependemos de la naturaleza.

Los microorganismos son vitales gracias a sus funciones ecosistémicas, puesto que ayudan a la circulación de los nutrientes a través de la descomposición de la materia orgánica o a la conversión de compuestos inorgánicos en compuestos orgánicos que sirven de alimento a muchas otras especies. De hecho, la aparición del oxígeno a la atmósfera se debe a la actividad de cianobacterias que empezaron a generar oxígeno en los mares primitivos hasta que llegó al aire, hace más de 2000 millones de años.

Para los humanos, no solo son muy importantes por su presencia indispensable en el sistema digestivo, favoreciendo la absorción de nutrientes y protegiéndonos contra enfermedades, sino también porque nos ayudan a obtener alimento gracias a la fermentación. El pan, el vino, los quesos o los embutidos son fruto de la actividad de diferentes microbios que se encuentran en las materias primeras de estos productos.

De manera que queda claro que tienen un papel muy destacado en el planeta y que no necesariamente todos son perjudiciales. El problema, sobre todo, viene cuando nos encontramos con nuevos microbios contra los que nos estamos preparados, principalmente provenientes de especies animales con las que no habíamos estado en contacto cercano o que se encuentran en malas condiciones. En estos casos, el salto de los organismos microscópicos de unos animales a otros es mucho más probable.

La deforestación y la destrucción de los hábitats y el tráfico de especies, legal e ilegal, son los causantes de que estemos más cerca de especies diferentes a las habituales y que estén en mal estado. De manera que se evidencia, una vez más, que el impacto que causamos a la naturaleza termina teniendo efectos perjudiciales hacia nosotros. Como se menciona en el artículo sobre Henry David Thoreau: si cuidamos la naturaleza, ella nos cuida; si la destruimos, nos destruimos a nosotros mismos. Quizá empieza a ser hora de que la cuidemos, por nuestro bien y el del resto del planeta.

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