La crisis del COVID-19 como oportunidad para repensar nuestras ciudades

“Las enfermedades configuran las ciudades. Algunos de los desarrollos más emblemáticos de la planificación y la gestión urbanas, como el Metropolitan Board of Works de Londres y los sistemas de saneamiento a mediados de siglo XIX, se van desarrollando como respuesta a las crisis de salud pública como los brotes de cólera” (Ian Klaus, Citylab)

La manera cómo saldremos de esta crisis presenta, hoy en día, un elevado grado de incertidumbre debido al hecho de que dependerá de diferentes variables psicológicas o sociológicas que a menudo son difíciles de prever, pero seguro que cambiarán la manera que tenemos de pensar y hacer las cosas. Esto es válido para varios campos, entre los que hay el urbanismo y la manera de diseñar, gestionar y hacer uso de nuestros espacios urbanos a partir de ahora.

Es innegable que este período sirve para avivar el debate y las reflexiones sobre la forma en que hemos diseñado nuestras ciudades (tanto en el ámbito público como en los espacios privados) y la influencia directa en nuestra salud y bienestar, sea en períodos de estabilidad o de pandemia como la que estamos viviendo.

Por este motivo, es necesario aprovechar este momento de debate para intentar que nuestras ciudades y pueblos sean un elemento activo en la forma cómo damos respuesta a esta crisis, pero también a muchas otras que probablemente llegarán, teniendo en cuenta el contexto de emergencia climática actual.

Esta respuesta se tiene que articular a corto plazo, durante los próximos meses, porque los espacios urbanos tendrán que adaptarse a los requerimientos de distanciamiento social. Pero también hay que pensar en el medio y largo plazo y profundizar en aquellos elementos que hace tiempo que se debaten y de los cuales, la situación actual, ha evidenciado la relevancia a la hora de crear ciudades más saludables y resilientes.

A corto plazo será necesario llevar a cabo un proceso de adaptación de nuestros espacios urbanos y equipamientos para garantizar el pleno uso del espacio público por parte de la ciudadanía, a la vez que se garantizan las medidas de distanciamiento necesarias para estos primeros meses. Distintas ciudades de alrededor del mundo están llevando actuaciones en este sentido, como pueden ser destinar espacio de calzada para vehículos para ampliar y garantizar las condiciones de comodidad y seguridad de las redes de movilidad activa (peatones, bicicletas y otros sistemas de movilidad personal) o ampliar los perímetros de los parques públicos.

También se ha comenzado a analizar el descenso importante que puede haber en el uso del transporte público, especialmente en hora punto, derivado del miedo de la ciudadanía a las aglomeraciones que se pueden producir. Este hecho puede repercutir, a nivel de desplazamientos urbanos, en un cambio modal hacia modos activos, pero, a nivel interurbano, puede suponer un aumento de los desplazamientos en vehículo privado.

Por otro lado, estos días están llenos de ejemplos e imágenes de aquellas ciudades que generalmente presentan elevados niveles de contaminación tienen ahora los mejores niveles de calidad del aire. Este es un elemento (qué contradicción) con un beneficio muy importante en la salud de la ciudadanía: un estudio estima que los dos meses de reducción de la contaminación en China han salvado las vidas de 4.000 niños menores de 5 años y de 73.000 personas mayores de 70 años en este país, más que las muertes producidas por Covid-19. A esto hay que añadir estudios recientes que correlacionan mayores niveles de mortalidad por Covid-19 en aquellas zonas donde previamente existían problemas de contaminación.

Por tanto, hay que establecer estrategias de potenciación de la movilidad de bajas o nulas emisiones como pilar básico de la movilidad urbana después de la pandemia del Covid-19, tal y como se está planteando en distintos países, y estrategias para adaptar el transporte público a las necesidades de seguridad que serán necesarias para estas próximas semanas.

Para empezar, pero, es necesario también pensar a corto plazo y desde Anthesis Lavola hemos llevado a cabo un proceso de reflexión sobre qué tipos de medidas se podrían prever durante las siguientes semanas.

A nivel de espacio urbano, se podrían aplicar medidas como:

  • Destinar carriles de circulación viaria a la movilidad activa, de forma segregada, para implantar una red que conecte la totalidad de los ámbitos urbanos.
  • Prever vías provisionales de acceso en bicicleta a zonas industriales y centros generadores de movilidad situados a distancias entre 10 y 15 km de zonas urbanas.
  • Establecer un único sentido de circulación en las aceras (una acera por cada sentido) para evitar los cruces entre peatones.
  • Reservar y señalizar espacios para la espera alrededor de establecimientos comerciales, equipamientos o paradas de transporte público.
  • Ampliar los perímetros de los parques y jardines y prever zonas de juego y encuentro provisionales en el espacio viario para minimizar las necesidades de desplazamiento.
  • Articular SuperIslas provisionales en zonas con calles de poca anchura.

A nivel de transporte público, se podrían contemplar medidas como:

  • Incrementar los servicios de limpieza y garantizar la disponibilidad de sistemas de protección personal e higiene para las personas usuarias.
  • Ordenar el movimiento de las personas usuarias para minimizar los cruces y las aglomeraciones.
  • Incentivar la implantación de horarios escalonados al inicio de los horarios laborales y de servicios con tal de minimizar los momentos de congestión.
  • Adaptar la oferta a los picos de demanda para minimizar las aglomeraciones en hora punta.
  • Potenciar la señalización sobre consejos y criterios para las personas usuarias.
  • En ciertos recorridos y servicios, implantar sistemas de reserva previa con tal de garantizar una adecuada ocupación de los vehículos.

Las crisis pueden ser momento para buscar oportunidades, por tanto, es necesario plantear el actual escenario como un período en el que desarrollar medidas de respuesta a una necesidad concreta, pero también como un banco de pruebas para analizar medidas que pueden tener vocación estructural y que pueden ser parte de la solución del cambio necesario que las poblaciones deben llevar a cabo para dar respuesta a la emergencia climática y a la necesidad de construir ciudades saludables.

Artículo escrito por Nacho Guilera, Responsable de Ciudad y Territorio a partir de las aportaciones del equipo de Ciudad y Territorio.
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