COVID-19: Lecciones aprendidas sobre la potencialidad del teletrabajo y su impacto en las estrategias ESG

 

Artículo de Nacho Guilera, responsable de Ciudad y Territorio Xavier Codina, responsable de Proyectos de Movilidad

Con la crisis del COVID-19 y con el confinamiento de todas las personas trabajadoras de actividades no esenciales o que son susceptibles de realizarse a distancia, se ha registrado una reducción muy importante de la movilidad. Como ejemplo, en día laborable en el entorno metropolitano de Barcelona, el descenso de los usuarios del transporte público ha sido de entre el 90 y el 95%, mientras que en el caso del vehículo privado se ha situado en valores cercanos al 80%.

Aun así, esta reducción de la movilidad no se ha derivado necesariamente de una reducción equivalente en la actividad, dando lugar a un importante número de lugares de trabajo teletrabajados. Este hecho demuestra el enorme potencial del teletrabajo en el entorna laboral actual. De forma general se estima que, aproximadamente, el 60% de los puestos de trabajo se podrían adaptar al trabajo a distancia.

El teletrabajo se caracteriza porque el personal trabajador puede hacer su tarea desde la distancia, principalmente desde su casa. Esto permite disminuir su movilidad, con la consiguiente reducción de emisiones, ahorro de tiempo y económico y beneficio ambiental en los entornos urbanos. Generalmente, la personas que viven más lejos de las oficinas son las que trabajan más habitualmente de esta forma.

Según la Organización Internacional del Trabajo y Eurofound, en el estado español antes de la crisis del COVID-19, solo un 8% de los trabajadores hacía teletrabajo con cierta frecuencia y un 13% lo hacía ocasionalmente (año 2018).

Esta situación forzada también augura un boom en el teletrabajo una vez pase la actual situación. En este sentido, algunas encuestas recientes (Colliers, 2020) lo reafirman con datos como los siguientes:

  • El 82% de los trabajadores/as del sector oficinas querrían teletrabajar uno o más días después de la crisis del COVID-19.
  • El 71% de los que no habían teletrabajado nunca desde casa lo querrían hacer en un futuro al menos una vez a la semana.
  • La opinión de los encuestados es que su productividad no se ha resentido con la aplicación del teletrabajo.
  • El 74% de las empresas manifiestan la intención de implantar formalmente el teletrabajo (Gartner, 2020).

¿Qué potencialidad tiene el teletrabajo y qué impacto asociado podría genera?

Si cogemos como referencia el mercado de trabajo catalán antes de la crisis, a 31 de diciembre de 2019, de los 3,34 millones de personas trabajadoras afiliadas al régimen de la Seguridad Social o autónomos, aproximadamente la mitad (1,56 millones) lo hacían en los sectores terciarios (no comerciales) y, por tanto, con una mayor potencialidad de aplicar el teletrabajo.

Si se plantea la hipótesis que el 50% de este colectivo tuviera la posibilidad de teletrabajar un día a la semana, el ahorro de movilidad asociado sería superior a 300.000 desplazamientos diarios (sumando ida y vuelta) y con una reducción anual de movilidad en vehículo privado de 400 millones de vehículos/km, lo que equivale a toda la movilidad diaria de una ciudad de 100.000 habitantes[1].

Esta acción tendría un impacto mayor que el de otras medidas, como la implementación de zonas de bajas emisiones creada recientemente en Barcelona, o hasta superior a el asociado a la implementación del Plan Directo de Movilidad de Barcelona para el horizonte 2025 (reducción de 242 millones de vehículos/km). Más concretamente, esta acción se traduciría en una mejora de la calidad del aire (y la reducción de muertes asociadas a la contaminación atmosférica) y en una mitigación de las emisiones de gases de efecto invernadero del orden de 70.000 toneladas de CO2 equivalente, que es aproximadamente lo que absorbería una plantación de un millón de árboles a lo largo de 10 años.

 

Otros impactos positivos de una medida de este tipo serían la reducción de la accidentalidad, la menor ocupación del espacio público por vehículos aparcados o circulando o la posibilidad de reducir el nivel de congestión en el transporte público en hora punta (elemento que puede ser clave a lo largo de las próximas semanas y meses).

De forma complementaria, y a nivel interno de las empresas, es una medida que repercute de forma directa en el bienestar de las personas trabajadoras, porque fomenta y incrementa las posibilidades de conciliación de la vida laboral y la vida personal. Este es un elemento que cada tiene más peso en las estrategias ESG de las empresas, así como tendrá más relevancia a partir de ahora en las evaluaciones de riesgos y planes de contingencia. Además, la reducción de la necesidad de desplazamiento de las personas trabajadoras incide en la reducción de su huella de carbono corporativa, elemento clave teniendo en cuenta el actual contexto de emergencia climática y la necesidad que las empresas se sumen a la respuesta que hay que dar.

En Anthesis Lavola el teletrabajo ha sido una práctica habitual en el conjunto de la plantilla, y durante el año 2019 más del 15 % de las jornadas laborales ya han sido teletrabajadas. Esta práctica nos permite conciliar mejor la vida laboral y la familiar, aumentando la productividad y disminuyendo el estrés, pero també es un elemento clave para la reducción de la movilidad vinculada al trabajo y, por tanto, de mejora de la calidad del aire y la salud de nuestras ciudades.

Este hecho nos ha permitido mantener nuestra operativa casi al 1005 a lo largo de las semanas que ha durado la crisis del Covid-19 y nos permite disponer de un conocimiento directo de las condiciones y requerimiento con tal de implementar y desarrollar una estrategia de implantación y fomento del teletrabajo. Precisamente es una de las medidas que se incluyen en distintos de los Planes de Desplazamiento de Empresa que hemos redactado en los últimos meses y que se convierten en el marco idóneo para un análisis de los patrones de movilidad de las personas trabajadoras, la identificación de la potencialidad de teletrabajo y el establecimiento de la hoja de ruta para la adopción de una estrategia de implantación del teletrabajo.

[1] Considerando una cuota modal del vehículo privado del 36% y una distancia de trayecto de 17 km. Datos EMEF 2018 y ATM.
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